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El trabajo entendido como virtud es una conquista de la modernidad.
En el mundo antiguo (greco-romano y también oriental) trabajaban los esclavos. El hombre libre, el ciudadano, gracias a los esclavos (que trabajaban por él) podía liberarse de la necesidad de trabajar y dedicarse a actividades más dignas del hombre libre, como la filosofía, la política o la gimnasia.
Durante el medievo cristiano el trabajo comienza a afirmarse como virtud (como actividad buena en sí misma, como camino de felicidad), gracias a los carismas monásticos que empiezan a ver al monje también como trabajador (este es uno de los significados del lema benedictino “ora et labora”).
El trabajo comienza lentamente a salir a la luz, pero tiene que conquistar su espacio en un mundo que seguía siendo demasiado “platónico”, es decir que asignaba a las actividades prácticas y manuales un estatus moral y espiritual inferior al de las actividades intelectuales.
Ha habido que esperar hasta tiempos recientes (prácticamente hasta el siglo XIX) para que los trabajadores manuales pudieran votar y tener acceso a cargos públicos.
La economía de mercado ha contribuido sin duda a la emancipación definitiva del trabajo de su estatuto de inferioridad, convirtiéndolo en el gran protagonista del hombre libre y fundando sobre él la democracia y la República (art. 1).
Sin embargo, hoy el trabajo está sujeto a tensiones. Por una parte es alabado y exaltado y por la otra está sometido al consumo y a la especulación. En esta época de crisis económica y social, el trabajo es tal vez la cuestión más urgente, que nos llama a una reflexión más profunda y en gran parte nueva con respecto a los debates ideológicos del siglo XX acerca de la naturaleza del trabajo y de su lugar en la vida.
También en esta ocasión partimos de dos situaciones de la vida diaria. Me invitan a cenar, llevo una bandeja de pasteles y mi anfitrión me dice: “gracias”. Tomo un café en la estación y después de pagar le digo al camarero: “gracias”. Dos “gracias” pronunciados en contextos aparentemente muy distintos: don y amistad en el primero y contrato y anonimato en el segundo.
Aquí aparece una paradoja importante para las empresas y organizaciones actuales. Los trabajadores y directivos de cualquier empresa, si son buenos y honrados, saben que el trabajo es verdaderamente tal y da frutos de eficiencia y eficacia cuando excede al deber y al contrato, cuando es don (como nos recuerda el último libro de N. Alter, Donner et prendre).
Sobre todo en las complejas organizaciones modernas, si el trabajador no dona libremente su pasión, su inteligencia y sus motivaciones intrínsecas, no hay control ni incentivo ni sanción que pueda conseguir que el trabajador de lo mejor de sí mismo, algo que además es un factor competitivo esencial para el éxito de la propia empresa.
Cada vez es más cierto que el éxito de las empresas en el contexto competitivo internacional depende sobre todo del capital humano, de las personas y de su inteligencia y creatividad.
Las personas hacen que la empresa crezca y produzca riqueza cuando ponen en juego todas sus capacidades al desarrollar una determinada profesión o al realizar una tarea dentro de una organización.
Cualquiera que trabaje en una organización sabe que esta dimensión motivacional y, me atrevería a decir, espiritual del trabajo, no puede comprarse o programarse. Solo puede ser acogida por el trabajador como expresión de su reciprocidad, de su don.
En este cambio de época, que afecta también a la cultura del trabajo y de la empresa, el arte más difícil que deben aprender y cultivar los directivos de empresas y organizaciones es precisamente el arte de encontrar mecanismos que sepan reconocer, al menos en parte, el don que hay en el trabajo, en todo trabajo.
Al mismo tiempo, los trabajadores no debemos pedir demasiado a nuestro trabajo, sabiendo que el trabajo es importante pero nunca podrá agotar nuestra necesidad de dar y recibir dones, nuestra vocación de reciprocidad.
Fuente: extracto del artículo “Trabajo: Motivar a las personas no es cuestión de incentivos”, por Luigino Bruni.
Imagen: El Caparazón
Marco gutierrez 26 de marzo de 2011 - 7:26 am
Buen posts, lo felicito, me permito compartir un proyecto complemento con recursos (videos) gratuitos sobre motivación en el trabajo (laboral)
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gracias.