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El Índice de Oportunidades Humanas es una medida sintética para la desigualdad de oportunidades en los servicios básicos para los niños.
El índice se inspira en la función de bienestar social propuesta por Sen (1976), y sostiene que un proceso de desarrollo en el cual una determinada sociedad logra suplir equitativamente las oportunidades básicas, requiere garantizar que tantos niños como sea posible tengan acceso a las oportunidades básicas, con una meta de universalidad; y requiere distribuir de modo creciente las oportunidades básicas disponibles entre los grupos más desfavorecidos.
El Índice de Oportunidades Humanas reúne en un indicador compuesto los dos elementos:
Así, un crecimiento de la cobertura de un servicio básico a nivel nacional siempre mejorará el índice. Sin embargo, si ese aumento de la cobertura es orientado hacia un grupo con menos ventajas (por ejemplo, niños en una región pobre o cuyos padres son de menores ingresos), reducirá aún más la desigualdad de oportunidades, y mejorará más que proporcionalmente el índice.
El primer componente del índice - la disponibilidad general de una oportunidad dada - puede ser fácilmente determinado utilizando la información recopilada en encuestas de hogares, como por ejemplo, el acceso a agua potable y saneamiento, educación primaria y electricidad.
El segundo componente - la distribución de las oportunidades - está basado en qué tan disímil es el acceso de estas oportunidades para las personas con diferentes circunstancias (género, ubicación, educación e ingreso de los padres, número de hermanos, presencia de ambos padres en el hogar).
Para la construcción de un único indicador que pueda facilitar la medición de las oportunidades en cada país, los cinco indicadores de oportunidad para la niñez fueron resumidos en un solo Índice de Oportunidades Humanas.
Los resultados indican que para las cinco oportunidades tomadas en cuenta, Argentina, Chile, Costa Rica, Uruguay y Venezuela están más cerca de la universalidad. Guatemala, Honduras y Nicaragua son los más alejados de esa meta, debido tanto a la baja cobertura como a la distribución desigual de oportunidades.
Se puede mejorar el Índice de Oportunidades Humanas a través de avances en la cobertura promedio y/o reduciendo la desigualdad en la distribución de las oportunidades existentes. Es decir, un aumento en el índice se logra ampliando cobertura, pero con un patrón que privilegie a grupos específicos inicialmente desfavorecidos.
El análisis muestra que dos tercios de las mejoras en el Índice de Oportunidades Humanas se deben a un incremento en la oferta global de oportunidades disponibles, y un tercio a la reducción de la desigualdad en la distribución de las oportunidades disponibles. Sin embargo, esta tendencia varía según el país y las oportunidades básicas.
Mientras exista una gran desigualdad en el acceso a oportunidades básicas en América Latina y el Caribe, los niños de la región tendrán diferentes probabilidades de progresar económica y socialmente.
Muchos de los programas y políticas sociales en funcionamiento mejoran las oportunidades. Pero teniendo como objetivo explícito la igualdad de oportunidades entre los niños, y midiendo mejor el avance en base a este nuevo Índice de Oportunidades Humanas, los políticos y tecnócratas podrán dar un mejor uso a los recursos existentes y definir políticas más eficaces.
Fuentes: Cinterfor, World Bank
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