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Los gobiernos en algunos de los mayores mercados de automotores, con una cuenta combinada de cerca del 70% de las ventas mundiales, han adoptado formas varias de estándares para eficiencia de los vehículos para servicio liviano. Esto es, las regulaciones requieren emisiones de CO2 reducidas, tasas de consumo de combustible reducidas, o una economía de combustible incrementada.
Todas las versiones existentes de dichos estándares están indexadas por tamaño o por peso, configurando objetivos menos restringentes para vehículos mayores o más pesados, de tal manera de reducir los impactos competitivos y promover mejoras en eficiencia a los largo de una flota entera de vehículos.
Mientras que la elección de cual de estos dos atributos usar tiene importantes consecuencias, ambos intentan acomodar las diferencias entre los diferentes vehículos, balanceando los objetivos de eficiencia con la demanda de los consumidores y las necesidades de los fabricantes de ser competitivos.
Tres de los cuatro mercados más grandes (la Unión Europea, China, y Japón) indexan sus estándares por la masa del vehículo. En contraste, USA y Canadá indexan sus estándares por el tamaño del vehículo.
Idealmente, los estándares de eficiencia son tecnológicamente neutrales: ellos no requieren a los fabricantes usar tecnologías específicas.
La intención es promover un rango completo de aproximaciones para hacer a un vehículo más eficiente: combustión del motor mejorada, eficiencia de transmisión mejorada, menor peso, trenes de dirección más avanzados, etc. Y, además, crear incentivos para encontrar nuevas soluciones.
Pero los estándares de eficiencia basados en el tamaño o en la masa crean significativamente diferentes incentivos tecnológicos, y al final los estándares basados en la masa disminuyen las opciones disponibles para mejorar la eficiencia.
Los estándares basados en masa tienen considerables desventajas comparados con los basados en tamaño.
Más importante, las aproximaciones basadas en la masa proveen poco o ningún incentivo para reducir el peso.
Los estándares basados en masa son también susceptibles de ir hacia atrás en el incremento de la masa por-vehículo y del tamaño del motor.
La consistente subida de peso que es un lugar común cuando los vehículos son rediseñados no está marcada en los estándares basados en la masa, y entonces el empeoramiento en las emisiones de CO2 es inevitable a menos que otros mecanismos de la política lo prevean.
Otra manera en que son reducidos los beneficios públicos es que los vehículos con grandes motores (e incrementadas emisiones de CO2) tienen garantizado unos estándares de emisión más relajados en un régimen basado en la masa.
Los estándares basados en el tamaño ofrecen los más amplios incentivos para los fabricantes para mejorar la eficiencia del vehículo, mientras evita las desventajas críticas de una aproximación basada en la masa.
Fuente: informe "Size or Mass? The Technical Rationale for Selecting Size as an Attribute for Vehicle Efficiency Standards", por John German y Nic Lutsey
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