Policarpo de Esmirna[...] Habiéndose enterado Policarpo, hombre de gran prudencia y consejo, que se le buscaba para el martirio, se ocultó. [...] noche y día, estuvo pidiendo al Señor le diera valor para sufrir la última pena. Tres días antes de ser prendido le fue revelado su martirio.

Encontráronle de noche oculto en una casa. Hubiera podido huir al campo, pero cansado como estaba, prefirió presentarse él mismo a esconderse de nuevo, porque decía:

Hágase la voluntad de Dios; cuando Él lo quiso me escondí, y ahora que Él lo dispone, lo deseo yo también.

Viendo, pues, a los soldados, bajó adonde ellos estaban y les habló cuanto su debilidad se lo permitió y el Espíritu de la gracia sobrenatural le inspiró.

Admiraban los soldados ver en él, a sus años, tanta agilidad y de que en tan buen estado de salud le hubieran encontrado tan pronto.
En seguida mandó que les prepararan la mesa, cumpliendo así el precepto divino, que encarga proveer de las cosas necesarias para la vida aún a los enemigos. Luego les pidió permiso para hacer oración y cumplir sus obligaciones para con Dios.
Concedido el permiso, oró por espacio de dos horas de pie, admirando su fervor a los circunstantes y hasta a los mismos soldados.
Acabó su oración, pidiendo a Dios por toda la iglesia, por los buenos y por los malos, hasta que llegó el momento de recibir la corona de la justicia, que en todo momento había guardado.

Fue montado en un asno, y cuando ya se acercaba a la ciudad, se encontraron con Herodes y su padre Nicetas, que venían en un carro. Obligáronle a montar con ellos, por ver si con este favor lograban vencer a aquel que era invencible por tormentos. Procuraron insinuarse en su ánimo y hacerle pronunciar alguna palabra menos reverente, diciéndole:

¿Qué mal puede haber en llamar señor al César y sacrificar? [...]

[...] El procónsul procuró por todos los medios hacerle apostatar, diciéndole tuviera compasión de su avanzada edad, ya que parecía no hacer caso de los tormentos.

¿cómo ha de sufrir tu vejez -le decía- lo que a los jóvenes espanta? Debes jurar por el honor del César y por su fortuna. Arrepiéntete y di: "Mueran los impíos".

Animado el procónsul, prosiguió:

Jura también por la fortuna del César y reniega de Cristo.

Ochenta y seis años ha -respondió Policarpo- que le sirvo y jamás me ha hecho mal; al contrario, me ha colmado de bienes, ¿cómo puedo odiar a aquel a quien siempre he servido, a mi Maestro, mi Salvador, de quien espero mi felicidad, al que castiga a los malos y es el vengador de los justos?

Fuente: Cristianismo Primitivo
Imagen: SJSM

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