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En el contexto de la mundialización, el aumento de las migraciones y el crecimiento de las ciudades, los desafíos conexos de preservar la identidad cultural y fomentar el diálogo intercultural adquieren una nueva prominencia y se hacen más urgentes.
La diversidad cultural es, ante todo, un hecho: existe una gran variedad de culturas que es posible distinguir rápidamente a partir de observaciones etnográficas, aun cuando los límites que marcan las lindes de una cultura específica sean más difíciles de determinar de lo que parece a primera vista.
Además, la conciencia de esta diversidad ha llegado a ser hoy prácticamente un lugar común, gracias a la mundialización de los intercambios y la mayor receptividad mutua de las sociedades. Aunque esta mayor toma de conciencia no garantiza en forma alguna la preservación de la diversidad cultural, ha contribuido a que el tema haya conseguido más notoriedad.
[...] Será necesario definir, más allá del mero hecho de la diversidad, algunas de las dificultades teóricas y políticas que inevitablemente plantea.

Una primera dificultad guarda relación con la índole específicamente cultural de la diversidad en cuestión.
Muchas sociedades se valen de sucedáneos, en particular étnicos o lingüísticos, para medir su heterogeneidad cultural. Por lo tanto, la primera tarea consistirá en examinar las distintas políticas aplicadas sin perder de vista que nuestro tema es la diversidad cultural y no los sucedáneos a los que a veces se la reduce.
Una solución podría ser la adopción de la definición más amplia posible de "cultura", según los términos del consenso implícito en la Declaración de México sobre las Políticas Culturales de la UNESCO (1982).
Otra dificultad atañe a la definición de los elementos que conforman la diversidad cultural. A este respecto, los conceptos de "cultura", "civilización" y "pueblos" tienen distintas connotaciones, según el contexto, por ejemplo, científico o político.
Mientras el término "culturas" se refiere a entidades que suelen definirse una con respecto a otra, el término "civilización" se refiere a las culturas que afirman sus valores o visiones del mundo como universales y asumen una actitud expansionista hacia quienes no los comparten (o todavía no lo hacen).
Es, pues, un auténtico reto intentar convencer a diferentes centros de civilización de que coexistan pacíficamente.
Una tercera dificultad atañe a la relación entre las culturas y el cambio. Transcurrieron prácticamente siete décadas del siglo XX antes de que se llegara a comprender que las culturas son entidades que se transforman. Anteriormente, había una tendencia a considerar que permanecían esencialmente inmutables y que su contenido se "transmitía" por varios canales, como la educación o las prácticas incoativas de diversos tipos.
En la actualidad hay una comprensión más cabal de la cultura en cuanto proceso: las sociedades cambian según pautas que les son peculiares.
El concepto de diferencia resume bien esta dinámica particular, según la cual una cultura cambia y, al mismo tiempo, sigue siendo la misma.
Por ende lo que se necesita es definir políticas que den un giro positivo a estas "diferencias culturales", de modo que los grupos y las personas que entren en contacto, en vez de atrincherarse en identidades cerradas, descubran en esta "diferencia" un incentivo para seguir evolucionando y cambiando.
[...] En general, la mundialización de los intercambios internacionales está conduciendo a la integración de diversos intercambios multiculturales en casi todos los contextos nacionales, lo cual corre a la par con la tendencia hacia filiaciones culturales múltiples y una complejidad creciente de las identidades culturales, y fomenta tal tendencia.
[...] Uno de los principales efectos de la mundialización es que debilita el vínculo entre un fenómeno cultural y su ubicación geográfica, al trasladar influencias, experiencias y acontecimientos lejanos hasta nuestro entorno inmediato. En algunos casos, ese debilitamiento de los vínculos con el lugar se considera una fuente de oportunidades y, en otros, una pérdida de certidumbre e identidad.
[...] Las crecientes tensiones que suscita el tema de la identidad, que a menudo resultan de una culturalización de reivindicaciones políticas, se contraponen con una tendencia más general hacia el surgimiento de identidades dinámicas y multifacéticas.
[...] Se ha dado la tendencia a equiparar la diversidad cultural con la diversidad de culturas nacionales. Ahora bien, la identidad
nacional es, hasta cierto punto, una construcción que se basa en un pasado reconstruido en ocasiones y que proporciona un anclaje al sentimiento de compartir valores comunes. La identidad cultural es un proceso más fluido que se transforma por sí mismo y se debe considerar no tanto como una herencia del pasado, sino como un proyecto futuro.
[...] "cultura" tiene dos significados que son diferentes y, sin embargo, absolutamente complementarios.
En primer lugar, la cultura es la diversidad creativa plasmada en las "culturas" concretas, con sus tradiciones y expresiones materiales e inmateriales únicas.
En segundo lugar, la cultura (en singular) alude al impulso creativo que se halla en el origen de esa diversidad de "culturas". Estos dos significados de "cultura", uno que se toma a sí mismo como referente y otro que se transciende, son indisociables y constituyen la clave de la fructífera interacción de todos los pueblos en el contexto de la mundialización.
[...] Repensar nuestras categorías culturales, reconociendo las múltiples fuentes de nuestras identidades, ayuda a dejar de insistir en las "diferencias" y a prestar atención, en su lugar, a nuestra capacidad común de evolucionar mediante la interacción mutua. La sensibilización a la historia y la comprensión de los códigos culturales revisten una importancia crucial para superar los estereotipos culturales en el camino hacia el diálogo intercultural.
[...] El éxito del diálogo intercultural no depende tanto del conocimiento de los otros como de la capacidad básica de escuchar, la flexibilidad cognitiva, la empatía, la humildad y la hospitalidad.
[...] La promoción del diálogo intercultural confluye en buena medida con el planteamiento de "identidades múltiples". No debería verse el diálogo como una pérdida de lo propio, sino como algo que depende del conocimiento de uno mismo y de la capacidad de pasar de un marco de referencia a otro. Requiere el fortalecimiento de la autonomía de todos los participantes mediante el fomento de capacidades y proyectos que permitan la interacción, sin perjuicio de la identidad personal o colectiva.
La necesidad de invertir en la diversidad cultural y el diálogo intercultural es apremiante. La integración de la diversidad cultural en una amplia gama de políticas públicas -incluso en aquellas que puedan parecer bastante alejadas de las políticas culturales en sentido estricto- podría contribuir a que la comunidad internacional aborde con una nueva perspectiva dos objetivos de fundamental importancia, a saber, el desarrollo y la edificación de la paz y prevención de conflictos.
No obstante, esto implica necesariamente que afinemos nuestra comprensión de la diversidad cultural y el diálogo intercultural. Solamente así podremos deshacernos de una serie de ideas preconcebidas.
Fuente: "Informe Mundial de la UNESCO: Invertir en la diversidad cultural y el diálogo intercultural"
Imagen: Devianart
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