Im Conciencia Blog es un blog alternativo sobre ecología, con toques de política, economía, historia, sociología, arte, publicidad, y fotografía… siempre tratando de tener una mirada positiva.
Sentados en la corta sombra que proyecta la ruca sobre la tierra arenosa de la entrada, trabajan en la carta para el comandante Rudecindo Roca, a quien diferencian como Roca Chico de su hermano mayor Julio Argentino, ministro de la guerra.
Allí cerca, Cabeza Amarilla juega con la arena.-Dices que me van a invadir, que debo someterme… Yo soy argentino y libre y vivo en mi tierra.
¿Por qué he de someterme? Pueden invadirme si quieren. Yo quiero la paz y ustedes no la quieren, por eso han capturado y matado a la gente que enviamos Dos Zorros y yo a buscar las raciones. Sin raciones, nuestra gente no tiene comida y está muy enojada, así que tendremos que invadir también. Y tal vez matemos a algunos de tus ofichal y nos traigamos enancadas a sus mujeres…
Ella va repitiendo para sí, en voz alta, lo que traduce a las hojas ajadas que apoya sobre una rústica maleta de cuero de potro, duro de puro seco.-Usted, comandante, dice que si no nos sometemos me invadirá. Yo soy argentino, soy libre y quiero la paz y he respetado el tratado que ustedes han roto, capturando y matando nuestras comisiones. Mi gente está muy enojada. Sin las raciones no tenemos qué comer, entonces que también nosotros tendremos que invadir a ustedes… No, así no se dice… Nosotros también los tendremos que invadir…
Para cuando culmina la ardua tarea, la mancha de sombra frente a la ruca se ha estirado lejos.
-¿Cómo la firmamos?
-Como las últimas.Ella estampa: General Manuel Baigorrita.
[...]
El Tratado de Paz del Gobierno Nacional Argentino con los Caciques Epumer Rosas y Manuel Baigorria puede verse aquí.
Muerto ya Mariano Rosas unos años antes, preso su hermano Epumer, quién como pocos caciques de su raza, fué irreductible defensor de los derechos de los aborígenes argentinos, no cediendo ni a los ofrecimientos de dinero, ni al derecho de vestir el uniforme del ejército, sin que le dieran previamente, tierras para sus indios; solamente Baigorrita, con los restos de sus seicientos indios de pelea y sus familias, emprendió el camino del destierro, antes de pensar en entregarse.
Manuel Baigorria, alias Baigorrita, tiene en ese momento alrededor de cuarenta años. Es hijo del cacique Pichun, ya fallecido, y su nombre le viene de su padrino, el coronel Manuel Baigorria, quién vivió más de veinte años entre los Ranqueles, a los que inició en la agricultura y le transmitió costumbres sedentarias y el uso de los utensillos cotidianos para el mejor vivir.
Dice de él, el coronel Lucio V. Mansilla:
Baigorrita es muy aficionado a las mujeres, jugador y también pobre, tiene reputación de valiente, de manso y un gran prestigio militar entre los indios. Tiene costumbres sencillas, vive modestamente y no es lujoso ni en los arreos de su caballo.
Declaraciones del capitán José Zabala:
[...] A 3 leguas del paso hay unas lagunas o ramblones donde se reunen las aguas cuando llueve; ahí llegamos muy entrada la noche; al día siguiente un chasque que debía dar cuenta al Jefe de la División, del cambio de fuerzas y los puntos tomados, encontró a 10 cuadras de nuestro campamento una indiada.
Al ver al chasque unos montaron a caballo para perseguirlo, y otros ensillaron y siguieron a marcha forzada, a la costa del río Neuquén. Nosotros ensillamos con rapidez y los perseguimos dando alcance a la chusma como a las 10 a.m.
Nos dijeron que el cacique iba adelante con su escolta, seguimos algunos, dando alcance a estos como a las 11 a.m. Dejaron los caballos y siguieron a pie subiendo las montañas. Un sargento Eusebio Amarante, y un soldado Pedro Farías, tiraron al mismo tiempo que yo, al que iba más lejos; cayó éste y rodó algunos metros por la pendiente.Un oficial Eliseo Avila de Guardia Nacional salió al encuentro de los que huían y creyendo que se ocultaba le tiró al mismo indio, pegándole en un brazo; cuando nosotros llegamos a donde estaba el herido, tenía el muslo izquierdo y el brazo derecho completamente destrozados, por lo que el Oficial Avila nos ordena que lo matáramos, así lo hicimos.
Cuando reunimos los 18 indios de la escolta del cacique, el Mayor Torres preguntó cual de ellos era el cacique, contestando que era el que estaba muerto. Así terminó el famoso Baigorrita, terror de la Pampa Central. (EE)

En la foto de arriba pueden verse en primer plano un grupo numeroso de mujeres jóvenes y niños indios prisioneros, sentados en el suelo y formando una línea en pleno campo. Entre ellos aparecen circulando tres sacerdotes a pie con un libro en la mano. Detrás de ellos, en segundo plano, se ven algunos militares y dos civiles que observan la escena. Una carreta a la izquierda y una carpa militar a la derecha cierran la escena. Al fondo, casi en el horizonte, se ve el campamento militar.
Para conocimiento de la División, se transcribe la nota recibida del señor comandante en jefe de la frontera sud del interior, cuyo tenor es como sigue:
Villa de Mercedes, agosto 21 de 1879. Al señor comandante en jefe de la 3ª División Expedicionaria, coronel don Eduardo Racedo. En la fecha recibo telegrama del señor Ministro de la Guerra, general D. Julio A. Roca, en el cual me comunica que el cacique Baigorrita, no queriéndose rendir, ha sido muerto por las fuerzas del coronel Uriburu, noticia que pongo en conocimiento de V. S. y a la División de su mando, por la desaparición de la raza ranquelina, y el feliz acontecimiento de la muerte del último cacique, como lo era Baigorrita. Dios guarde a V. S. (Firmado:) L. Nelson." (R 240)
Párrafos del Informe Oficial de la Comisión Científica agregada al Estado Mayor General de la Expedición al Río Negro (Patagonia) realizada en los meses de Abril, Mayo y Junio de 1879, bajo las órdenes del General Julio A. Roca (Buenos Aires, 1881):
Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña.
Se trataba de conquistarlas en el sentido más lato de la expresión. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con gran aparato, pero transitoriamente, como lo había hecho la expedición del General Pacheco al Neuquén, el espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban las balas de sus fusiles.
Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas.
Hoy sólo queda un grupo de ranqueles en la población pampeana de Colonia Emilio Mitre.
Lo que sus antecesores dejaron resulta casi imperceptible para la mirada de una civilización que mide los logros humanos, sobre todo, por los éxitos técnicos y materiales: apenas algunos cantos y danzas; instrumentos musicales, tejidos y alhajas de plata; mitos y cuentos; viajes al país de los muertos desde un árbol sagrado, y algunos poemas que nos recuerdan -en estos tiempos ecológicos- hasta qué punto se sentían, no ya los dueños y expoliadores, sino las criaturas de la tierra:
Toda la mapu [tierra] es una sola alma, somos partes de ella. No podrán morir nuestras almas. Cambiar, sí que pueden, pero no apagarse. Una sola alma somos, como hay un solo mundo.
Sin embargo, el renacimiento Ranquel está ya en marcha, como se puede ver aquí y aquí.
Y aquí se puede ver una cronología histórica del pueblo Ranquel.
Nota: Hector Alimonda y Juan Ferguson han realizado un análisis de las fotografías de Antonio Pozzo, un retratista que acompañó al General Roca durante la campaña de 1879, el cual puede ser descargado de aquí.
Más enlaces de interés:
Fuentes: Bibliotecas Virtuales, Soy de Toay, Ciencia Hoy, Libro "Baigorrita, responso para un etnocidio", por Norman Cruz.
Comentar