¿Cómo se ve la guerra a través de los ojos de un niño soldado? ¿Cómo se convierte uno en asesino? ¿Cómo deja de serlo? Los niños soldados han sido descritos por periodistas, y los novelistas se han esforzado por imaginar su vida. Pero hasta ahora, no había ningún relato en primera persona de alguien que hubiera estado en el infierno y haya sobrevivido.

En "Un largo camino: memorias de un niño soldado" Ishmael Beah cuenta una historia fascinante. A los doce años, huye del ataque de los rebeldes y vaga por un país que la violencia ha vuelto irreconocible. A los trece años, entra en el ejército del gobierno, y Beah, un buen chico, descubre que es capaz de cometer actos terribles. Es un relato único y sorprendente, contado con auténtica fuerza literaria y conmovedoramente sincero

Comentario de contratapa del libro "Un largo camino: memorias de un niño soldado", de Ishmael Beah (ISBN 9788498670011).

Ishmael Beah tenía sólo 12 años de edad y ya era soldado en la guerra civil de Sierra Leona. Durante tres años infligió torturas, realizó ejecuciones y participó en matanzas. La violencia y la muerte no lo atormentaban. Por el contrario: llegó a disfrutar de ellas.

Ishmael Beah

Cuenta Ishmael en su libro:

Los pueblos que capturábamos y convertíamos en base al avanzar, y la selva donde dormíamos, era nuestro hogar. El pelotón era mi familia, el arma, mi forma de vida y protección, y la norma era matar o morir. La extensión de mis pensamientos no iba mucho más allá.
Llevábamos más de dos años combatiendo y matar se había convertido en una actividad diaria. No sentía compasión por nadie. Mi infancia se había desvanecido sin enterarme, y era como si mi corazón se hubiera congelado. Sabía que el día y la noche iban y venían por la presencia de la luna y el sol, pero no tenía ni idea de si era domingo o viernes.

En una entrevista que le realizó la revista MAN en su paso por Barcelona, ante la pregunta de si ahora vivía una vida normal, Ishmael responde:

Más o menos. Yo hago las mismas cosas que un joven de mi edad. Me gusta salir a bailar, divertirme, jugar al fútbol. Pero de repente hay algo que me recuerda lo que dejé atrás: alguien que camina rápido por la calle, un ruido. Lo que intento es no reaccionar de mala manera. En un restaurante, intento sentarme de cara a la puerta, e instintivamente busco las posibles vías de escape. Lo llevo dentro ya.

En 1998 Ishmael emigró a Estados Unidos. Terminó la preparatoria en la Escuela Internacional de la ONU en Nueva York.
En 2004 se graduó como licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Oberlin. Actualmente es miembro del Comité Asesor de la División de Derecho Infantil de la organización Human Rights Watch.

Ishmael no sólo logró rehabilitarse, sino que se convirtió en uno de los mejores activistas de UNICEF en contra del reclutamiento de niños para la guerra.
En noviembre de 1996 pronunció un discurso ante los miembros del Consejo Económico y Social (ECOSOC) de la ONU. Dijo ahí:

Ingresé al ejército porque quería vengar la muerte de mi familia. No es fácil ser soldado, pero me vi obligado a ello. Ahora estoy rehabilitado. No me tengan miedo, ya no soy un soldado, soy solamente un niño.

Y en una entrevista que le realizó el diario El País, Ishmael contó su sueño:

Mi sueño es llegar a trabajar en la Corte Penal Internacional. Quiero contribuir a evitar situaciones como las que yo he vivido. Estoy convencido de que sí es posible prevenirlas, pero tiene que haber voluntad política.
La prensa suele hablar de las guerras como si fueran debidas sólo a factores internos, pero hay muchos factores externos. Los países que están interesados en nuestras materias primas también son culpables. No hay leyes internacionales que penalicen la venta de armas, y mientras no se persiga a los países que las venden y se les siente en el banquillo, nada va a cambiar.

Fuentes: Comisión de Relaciones Exteriores África, El País, MAN, Libros Morrocotudos
Imagen: The New York Observer

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