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La naturaleza del beneficio ha sido desde siempre el centro de la teoría económica clásica.
Para Adam Smith el beneficio era la remuneración del capital, para Marx era la explotación y, en el 1900, para Schumpeter era el premio de la innovación. De estos antiguos debates hoy no existe más rastro en los manuales de teoría económica. Si de hecho los abrimos, leemos en las primeras páginas que la "finalidad" de la empresa es la maximización del beneficio, un beneficio que se da por descontado, y no discutido. El beneficio se ha convertido por lo tanto en la finalidad de la acción del empresario, bajo varios vínculos (sindicatos, ética, impuestos ...).
Después en algunos (pocos en realidad) de estos manuales, leemos, a menudo en nota, que existen otras empresas "non profit" que en cambio tienen otras finalidades, distintos del beneficio.
Estoy convencido que una visión así, típica de la tradición estadounidense, y distante de la italiana y en un cierto sentido también de la europea, sea una de las tesis más engañosas, peligrosas y equivocadas del pensamiento económico corriente.
Los libros de economía de hace unos decenios afirmaban que quién tiene como finalidad el beneficio no es un empresario, sino otra figura: el especulador. Es el especulador, de hecho, que realiza una determinada actividad económica instrumentalmente con la finalidad de obtener beneficio. Para un sujeto como éste producir zapatos, tomates, violines o libros es todo sumado irrelevante: lo importante es que generen dinero.
El empresario, en cambio, no tiene como finalidad el beneficio, sino un proyecto, una empresa, de hecho. Para el empresario el beneficio es una señal de la empresa, que su proyecto está creciendo bien.
El beneficio, de hecho, es sólo la punta del iceberg de la riqueza o del valor añadido creado por un empresario: bienes y servicios, puestos de trabajo, son componentes co-esenciales de la riqueza producida por una empresa.
El beneficio, después, y esto nos lo dice todavía la buena teoría económica, tiende a anularse si el mercado funciona bien.
Ciertamente, la empresa que no produce riqueza o valor añadido no contribuye al bien común, pero, repito, el beneficio es demasiado poco para ser la finalidad de una empresa, porque no basta para gastar una vida en un proyecto. Y cuando la finalidad se convierte de verdad el beneficio es toda la economía y la sociedad que se empobrece, porque cada actividad económica se convierte sólo en instrumental sin un valor intrínseco.
Estoy de hecho convencido que una economía y un sistema económico que vean una empresa como una máquina para hacer beneficios tienden a agotar la vida en común porque reducen el espacio de las pasiones humanas, de la vida (recuérdese que la economía es vida). La historia nos ha enseñado que las civilizaciones avanzan cuando los empresarios prevalecen sobre los especuladores, y retroceden cuando ocurre lo contrario: ¿no es quizás esto lo que nos está diciendo esta crisis?
Fuente: libro "Diccionario de Economía Civil", a publicarse próximamente, y que está compuesto por más de 100 términos que abarcan los grandes temas de la economía actual entendida como civilización.
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