Según la versión griega, la política es la participación de la gente en las decisiones que atañen a la polis. A día de hoy, si nos ajustamos a la realidad, solo existe una falsa sensación de elección.

El siglo XXI parece haber empezado como un laboratorio de formas neo-autoritarias, en China, en Rusia, en Irán, en la mayoría ¿Por qué la democracia está en crisis?de los países del mundo árabe, en los Estados Unidos (donde la administración republicana, en nombre de la "guerra al terrorismo", ha erosionado las libertades y vulnerado los derechos humanos) o en la propia Europa, donde hemos visto en los últimos años el desarrollo de la "telecracia" berlusconiana y este fenómeno nuevo, de concentración de poder político, económico y mediático, que encarna el fenómeno Sarkozy.

Son fenómenos muy diversos, pero que tienen algún rasgo en común; en el fondo, es como si el capitalismo no tuviera ya una gran necesidad de democracia.
Entonces se hace mas reale el peligro de una deriva global hacia un capitalismo autoritario, apoyado en valores neoautoritarios y de control absoluto a través de la tecnología.

Se trata de procesos lentos de erosión para dominar las libertades. No implican el cuestionamiento frontal de la democracia, sino que tienden a alterarla desde dentro, en procesos lentos y paulatinos de evolución:

  • Concentración y privatización de poderes, tanto públicos como privados.
  • Gran distancia entre ciudadanía y política.
  • Opiniones contrarias entre los partidos, muy sujetas a la impronta televisiva y a las emociones del momento.
  • Consensos desgastados y fatigados
  • Aumento del individualismo escéptico etc. Podríamos decir, en este sentido, que estamos pasando de "democracias de opinión" a "democracias de emoción".

El riesgo neo autoritario se alimenta de:

  • La desafección ciudadana hacia la política y las instituciones.
  • El exceso de profesionalización de la política.
  • El peso asfixiante de los grandes medios de comunicación.
  • La crisis en la representación parlamentaria
  • El vacio ideológico de los partidos.
  • El debilitamiento de las grandes narrativas ideológicas.
  • La expansión de la llamada seguridad preventiva.
  • Discursos populistas e identitarios.

Motivos estructurales

Los ciudadanos apenas sienten que pueden hacer algo delante de los macro-problemas actuales (especulación, pérdida de poder adquisitivo, corrupción, etc).

El derecho a voto, en este momento:

  • No es garantía de cambio alguno.
  • No hay una percepción en la toma de decisiones.
  • No es posible la participación en las macro-decisiones.

El hecho es que el partido político que gana las elecciones tiene carta blanca para desarrollar las políticas que quiera, sin apenas contar con los ciudadanos durante el mandato que dura su legislatura.

Tampoco existe ningún flujo de comunicación entre las élites políticas y los votantes. Las personas no tienen ninguna posibilidad de hacer llegar sus propuestas a los partidos.
Así pues, esta desafección retroalimenta al sistema democrático en sentido inverso. La no participación de la gente en la toma de decisiones empobrece el desarrollo de la sociedad, dejándola a merced de unos cuantos poderosos, los cuales no ven más allá de su propio interés.

Además, no existe legitimación y confianza por parte de los ciudadanos con respecto a la clase política. La opinión pública, a veces, casi ni se tiene en cuenta a la hora de desarrollar políticas ciudadanas.

Por todo ello es claramente perceptible la debilidad de la política con respecto a las relaciones que mantienen con los poderes económicos y de los medios de comunicación.

Motivos coyunturales

Ya no existe una sociedad de clases donde el nivel económico estaba irremediablemente unido a la ideología política. Ahora podríamos decir que existe una sociedad interclasista que se moviliza de una manera menos homogénea y en aspectos mucho más concretos que atañen a pequeños colectivos.

En cambio si existe lo que podríamos llamar "muerte de las ideologías" (entendidas como grandes explicaciones sobre el mundo, para imponerse como praxis política). El final del siglo XX y de la batalla entre el capitalismo y el comunismo dejó un vacío ideológico que aun no se ha recuperado.

También podríamos teorizar sobre el fin de las utopías o grandes mega-proyectos políticos, vendedores de ilusión y grandes realizaciones futuras. Véase la negativa del tratado de la Constitución Europea y la imposición del nuevo Tratado de Lisboa idéntico a la antigua propuesta de constitución.

El mejor conocimiento que tiene la sociedad sobre el funcionamiento del sistema político hace que se perciba de una manera más clara:

  • La poca amplitud de miras de los partidos políticos.
  • La corrupción, a través de los medios de comunicación y sonados casos mediáticos.
  • La poca diferencia a la hora de aplicar políticas para los ciudadanos.

Una curiosidad: pese a estar en la mejor época para poder auto-informarnos, es el tiempo en el que estamos más desinformados. La capacidad para distinguir la polaridad de cada noticia ha quedado casi desaparecida. El contínuo bombardeo de noticias deconstructivas incide de una manera negativa en la conciencia colectiva de la sociedad.

La información que se ofrece de los acontecimientos nacionales e internacionales se centra en los aspectos más negativos. La insensibilización de la sociedad delante de situaciones dramáticas es algo habitual.

La sociedad de la comunicación y del espectáculo, vía la televisión y las estrategias de marketing y comunicación políticas, tiende a crear situaciones de distancia entre la ciudadanía crecientemente individualizada y la cosa pública, lo que genera explosiones esporádicas de nuevas formas de revuelta social, incluso violentas (como en los últimos tiempos en Francia).

En la sociedad actual, se corre el riesgo de resignarse paulatinamente a situaciones que van en contra de la mayoría, donde los pueblos tendrían mucho que decir, y en cambio, las personas tienen poco poder o no tienen cabida en las decisiones que afectan a todos.

A nivel de economía domestica, los datos macro-económicos no se ajustan a la realidad que viven las personas, a pesar de que estos se han popularizado mucho en los medios de comunicación cuando son datos que importan, mayoritariamente, a los gobernantes.

Motivos antropológicos

Si observamos a la sociedad de occidente del siglo XXI se puede comprobar el estado de letargo en el que viven sus ciudadanos. La capacidad de movilización ha quedado mermada a consta de la complacencia de una vida fácil. Los anuncios y las películas han sustituido a los libros y el compromiso con el tiempo en el que se vive.
Existe un conformismo de todos los implicados, ciudadanos y políticos, que arrastra consigo la decadencia de la Democracia.

Esta desafección de las personas hacia los problemas ajenos tiene mucho que ver con la inducción al egoísmo y a la competencia de nuestro sistema socio económico. Egoísmo por basarse en una realidad material y posesiva. Competencia por mirar al vecino como a un adversario en vez de cómo a un amigo. Esta contaminación social viene gestándose en los últimos lustros en la mayoría de países desarrollados.

A su vez, la desunión de las nuevas generaciones con capacidad de votar con respecto a las reivindicaciones de carácter colectivo, implican una pérdida de influencia en la opinión pública. Por lo tanto, este colectivo ha perdido la capacidad de equilibrar la balanza de poderes en el teórico buen funcionamiento de un Estado.

Por un lado tenemos una masa social distraída por estímulos mediáticos cuyo único objetivo es salvaguardar a su círculo cercano. El desinterés por las cosas que no les afecten directamente a ellos está asegurado.
Por el otro hay una minoría, cada vez más creciente, que toma conciencia de cómo funciona verdaderamente el sistema Democrático. Cuanto más se sabe de ese funcionamiento, mas disminuye la creencia en el sistema.

Fuente: apuntes libres de un encuentro llamado "La política, consciencia cívica de los ciudadanos. ¿Está la democracia en crisis?"


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