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Los Congresos Geográficos Internacionales de Londres (1895) y Berlín (1899) estimularon la realización de una gran expedición internacional a la Antártida. En ese marco, Argentina se encargaría de la instalación de un observatorio magnético y meteorológico en la Tierra del Fuego para apoyo de la expedición antártica internacional.
El geólogo sueco y experto polar Otto Nordenskjöld organizó una expedición particular para investigación en la península antártica. Otto era sobrino de Adolf Erik Nordenskjöld, geólogo y explorador polar sueco de origen finlandés, quien había logrado atravesar el pasaje noreste y navegar alrededor del continente eurasiático entre 1878 y 1880 a bordo del buque ballenero Vega.
Adolf Erik desde hacía mucho tiempo había querido hacer una expedición antártica, pero como empezó a sentirse demasiado viejo hacia fines del 1800 estimuló entonces a su sobrino Otto a llevar a cabo la primera expedición sueca a la Antártida.
Sangre de pioneros, entre sus parientes se halla también el creador de la Fuerza Aérea Sueca.
La expedición del Doctor Otto Nordenskjöld, que se trataba de una alianza internacional cuyo objetivo era realizar una extensa labor de exploración científica en el continente antártico, fue apoyada por Argentina que le proveyó víveres y provisiones, a cambio de que admitieran que un representante del Gobierno Nacional se sumara al grupo a instancias del Perito Francisco Moreno.
El elegido fue José María Sobral, joven miembro de la Armada Argentina que actuaría como observador meteorólogo, geodesta, efectuando además estudios de biología y reconocimiento geológico..
El 21 de diciembre de 1901 partió de Buenos Aires la Expedición Antártica Sueca del Doctor Otto Nordenskjöld a bordo del "Antarctic".
El 10 de Enero de 1902 Nordenskjöld vió por primera vez al "hielo antártico" que produjo en su espíritu una viva impresión:
Allá, en la verde agua -escribe- flotaba una masa blanca y cuadrada de hielo, una verdadera montaña, que, sin ser de las más grandes, por nuestra falta de costumbre y experiencia, nos parecía enorme. Aquel bloque de hielo atraía nuestras miradas y nuestro pensamiento; toda nuestra atención se dirigía hacia la masa brillante y colosal que, a medida que avanzábamos, empezaba a crecer delante de nosotros y pronto llenó todo el horizonte. Fué el cuadro más hermoso que jamás contemplé.
En Febrero de 1902, Nordenskjöld, Sobral y cuatro compañeros (Bodman, Jonassen, Åkerlundh y Ekelöf) desembarcaron en la Isla Cerro Nevado (Snow Hill) donde armaron una casilla de madera prefabricada en Suecia.(considerada actualmente un monumento histórico).
Allí permanecieron durante todo el invierno efectuando observaciones meteorológicas, estudios de magnetismo, trabajos de biología y reconocimientos geológicos.
Entre las tareas desarrolladas, el grupo realizó una expedición hasta las proximidades del Circulo Polar Antártico.
Durante esta excursión los expedicionarios caminaron más de 600 kilómetros en territorios desconocidos para el hombre.
Luego de un invierno de intenso trabajo, los hombres esperaban la llegada del Antarctic, buque que los llevaría de regreso.
Sin embargo, el barco había sido atrapado por el hielo.
Naufragio y rescate
Cuando el Antarctic navegaba para buscar a los invernantes a principios de 1903, naufragó en el mar de Weddell.
El capitán Carl Larsen y 19 miembros de la tripulación buscaron refugio en la Isla de Paulet, donde construyeron una pequeña cabaña de piedra.
En los días previos al naufragio, el segundo jefe de la expedición había desembarcado junto con otros dos hombres para intentar llegar hasta la cabaña desplazándose sobre el mar congelado.
Una franja de mar abierto impidió el avance de este grupo, así que ellos también debieron improvisar un albergue para sobrevivir en el sitio que hoy se llama Bahía Esperanza, en una tienda de campaña protegida por un muro de piedras, fango y pieles.
Así, sorpresivamente, los integrantes de la primera expedición sueca a la Antártida quedaron divididos en tres grupos sin comunicaciones: Nordenskjöld y sus colegas estaban en la casa de Cerro Nevado; el profesor Andersson y dos personas más en su refugio de Bahía Esperanza; y los náufragos del "Antarctic" en la pequeña isla volcánica de Paulet.
Nordenskjöld contaba con muy pocos alimentos sobrantes tras un año de permanencia en el lugar. Los otros dos grupos prácticamente carecían de víveres. La lucha por la supervivencia se convirtió en la principal tarea.
A pesar de esta grave situación, el grupo nunca abandonó las observaciones científicas.
Luego de un penoso invierno, el 8 de Noviembre de ese año una misión argentina de salvamento dirigida por el teniente Julián Irízar, a bordo de la corbeta Uruguay rescató al contingente y lo llevó de regreso a Buenos Aires.
Entre los varios logros de este viaje en campos como Geografía, Geología, Zoología, etc, Nordenskjöld logró la máxima penetración por tierra hasta entonces hacia el polo sur al haber llegado a los 66 grados 33' de latitud sur.
Pero el mas sorprendente descubrimiento realizado por su expedición fue el hallazgo en la isla Seymour de restos fósiles de animales prehistóricos.
Un relato muy completo de la expedición se encuentra aquí (en inglés).
También la revista Teina ha publicado otro relato muy interesante.
Y en esta web se pueden ver algunas fotos originales de esta aventura antártica.
Fuentes: El Correo, Fundación Marambio, Página12
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