Roberto Hoyos tradujo en su artículo "El costo sicológico de aprender a matar" al artículo original "On Killing II: The Psychological Cost of Learning to Kill" escrito por el Teniente Coronel Dave Grossman.

En él, Grossman dice que para verdaderamente comprender la naturaleza de la agresión y la violencia en el campo de batalla se debe primero reconocer que la mayoría de los participantes en combate próximo está literalmente "asustada fuera de sus casillas", y que por ello en esos momentos no están pensando con la parte del cerebro que nos hace humanos, sino con aquella que es igual a la de un animal.

Sin embargo, aún en estos casos existe una poderosa reticencia por parte de estos soldados a matar a la misma especie (al igual que muchos animales, como por ejemplo las pirañas, que usan su cola para pelear entre ellas, pero los dientes para hacerlo con otras especies de peces).

El general brigadier S.L.A. Marshall, estudiando el teatro de operaciones de la 2da. Guerra Mundial, concluyó (controversialmente) que cuando se los dejaba a sus propios medios, la gran mayoría de los combatientes a lo largo de la historia parece que era incapaz, o no tenía la intención, de matar. Aunque esto disminuía mucho si había cerca un líder que le pedía al soldado que disparara.

Y afirma Grossman:

desde una perspectiva psicológica, la historia de la guerra puede ser vista como una serie de sucesivos y más efectivos mecanismos y tácticas para forzar a los combatientes a sobreponerse a su resistencia a matar.

Es por ello que tanto el ejército como el FBI introdujo ya hace muchas décadas técnicas de condicionamiento que influencian el primitivo cerebro medio de un ser humano asustado. Con un "éxito" arrollador, ya que el ritmo de fuego pasó del 15-20% de la 2da. Guerra Mundial a aproximadamente el 55% en la Guerra de Corea y a alrededor del 95% en Vietnam.

Pero al desaparecer esta resistencia innata aparecen los efectos sicológicos secundarios, lo que comúnmente se llama "Desorden de Estrés Post-traumático (PTSD)".
Sin embargo, Grossman dice que

el PTSD rara vez resulta en actos criminales violentos, y al regreso a la sociedad el receptor de condicionamiento militar moderno es, estadísticamente, menos propenso a cometer crímenes violentos que un no-veterano de la misma edad. La salvaguarda clave en este proceso parece ser la fuerte disciplina que un soldado interioriza con su entrenamiento militar.

Lo que preocupa actualmente es que los videojuegos modernos del tipo "apunta y dispara" esté creando un condicionamiento similar en la sociedad civil pero sin la salvarguarda de la disciplina militar, dado que hay fuerte evidencia que esta puede ser una de las causas que ha hecho que el número de crímenes violentos se incremente 7 veces en EEUU desde 1956.

El artículo continúa, es excelente, y se puede leer completo aquí.


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