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Antíoco IV Epifanes fue rey del Imperio Seléucida en Siria en el período 175 AC-164 AC.
Llamado originalmente Mitríades, cambió su nombre a Antíoco (que significa "el dios visible") cuando ascendió al trono (o tras la muerte de su hermano).
Mas adelante, convencido él mismo de su deidad, comenzó a llamarse a sí mismo Epifanes, un epíteto que muchos reyes de la época usaron, y que significa "divino".
Pero fue un rey tiránico, severo, salvaje y cruel.

En el año 168 AC, Antíoco IV Epifanes decide realizar una invasión preventiva a Egipto, dado que su rey títere de Egipto, Ptolomeo VI Filometor, y su hermano reinante en Alejandría, Ptolomeo Evergetes, habían decidido reinar en Egipto conjuntamente.
La invasión tuvo un éxito abrumador y pudo apoderarse de todo el país, excepto de Alejandría, la cual era la capital de Egipto en ese momento.
Mientras tanto, la potencia de la época, Roma, no se quedó de brazos cruzados, y el Senado envió al senador Gaius Popillius Laenas para negociar con él.
Al llegar a Egipto, este se dirigió de inmediato al encuentro del ejército invasor, el cual se estaba aproximando a Alejandría, con sólo 2 lictores de acompañantes (y ningún ejército).
Popillius encontró a Antíoco IV Epifanes en Eleusis, a solo 6,5 km de Alejandria, y le dijo que este debía retirarse inmediatamente. Antíoco le respondió que debía reunirse con su concejo para tomar una decisión al respecto. Luego de algunos rodeos, el senador insistió en que el rey invasor tomara una decisión y entonces dibujó una línea alrededor de Antíoco, y le dijo: "piensa en esto".
Obviamente, eso significaba que si el rey cruzaba esa línea, tendría que vérselas directamente con Roma.
Antioco IV Epifanes, que era tirano pero no tonto, no queriendo invocar la ira de Roma, decidió prudentemente retirarse de Egipto.
Un nuevo tipo de diplomacia había nacido.
En su humillación, al retornar a Siria decidió invadir Jerusalén, derribando sus murallas, quemando las casas hasta sus cimientos, y vendiendo como esclavos a cientos de miles de judíos.
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