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En 2001 el gobierno de China incluyó en su presupuesto de construcciones para los siguientes 5 años una línea de tren entre la ciudad de Golmud y Lhasa (capital tradicional del Tibet, y actual capital de la Región Autónoma del Tibet), con un costo de 3600 millones de dólares.
El proyecto fue considerado como una manera de integrar al Tibet en China. Obviamente, fue un proyecto muy impopular para los tibetanos. Los cuales temen, con justa razón, que su cultura pueda desaparecer en aras de la cultura Han.
Incluso hay una campaña en contra de la construcción de esta línea ferroviaria.
En cualquier caso, nadie sabía como llevar a cabo un línea de tren que tenía que llegar hasta los 5.182 metros de altura, y construirse sobre 724 kilómetros de permafrost. La mayoría de los ingenieros pensaban que no iba a ser posible.

A finales de 2001 100.000 trabajadores comenzaron la construcción desde la ciudad de Golmud. Esta fue la parte fácil, teniendo solo que subir hasta los 4.267 metros en 193 kilómetros para pasar a través de la Cordillera Pamir (cuya montaña mas alta tiene 7.495 metros). Luego la línea desciende hasta la Tibetan Plateau (Meseta Tibetana), con un promedio de altitud de 4.267 metros.
A los trabajadores se les pagó unos 200 dólares por mes, el doble del promedio nacional. Avanzaron a un promedio de 914 metros por día. Los mayores problemas con los que se encontraron fueron el frío y la altitud. Tuvieron siempre a mano suministro de oxígeno, y también temperaturas invernales de hasta 30 grados bajo cero.
El diario Clarín publica hoy que se ha realizado el viaje inagural, de 8 horas de duración, y con 600 personas a bordo. Los pasajeros cuentan con mascaras de oxígeno individuales por si les afecta el mal de altura, y el tren cuenta con cristales con filtros de rayos ultravioletas incorporados, ya que a esa altitud son mas perjudiciales.
Fuente: The Society of International Railways
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